La historia de YouTube con la industria de la música, una de las más rentables en las últimas décadas, ha derivado recientemente en el capítulo final de lo que podría denominarse un tratado de paz millonario. Y es que desde el momento en que la plataforma de videos pasó a manos de Google no solamente se sumergió en un camino de “regularización” sino también en uno de expansión total alrededor del globo y por sobre otras plataformas existentes. Fue por eso que, recientemente, se publicaron los detalles oficiales de cuánto pagó exactamente la empresa en cuestión por su ambicioso proyecto de viraje.

Durante años, grandes empresas discográficas, empresarios de la música, productores y sellos incipientes quedaban fascinados por la cantidad de clics que podían recibir artistas tanto consagrados como emergentes, quienes eran viralizados en cuestión de horas independientemente de las campañas de promoción que tuvieran detrás. No obstante, esa visibilidad no se veía reflejada en sus ingresos, puesto que YouTube poco se esforzaba en evitar la piratería y estafas de derechos, algo que afectaba las arcas de las discográficas pero no las de la plataforma, que con las visitas -sin importar qué videos eran reproducidos- le bastaba y sobraba. Dicho comportamiento le valió que toda la industria musical, un rubro nunca escatimó en enfrentamientos públicos, le declarase la guerra.

El proceso no fue nada sencillo e involucró continuas disputas legales aisladas durante largo tiempo, y aunque hoy persistan quejas y objeciones al respecto (pero bastante silenciadas, vale decirlo), finalmente más de quince años después de la creación del sitio ambas partes han firmado la paz. En ese sentido, fue clave la apertura de recursos de la plataforma. Puesto que ya no sólo es el dinero derivado de los anuncios publicitarios o de videos relacionados el que distribuye YouTube (considerado por la industria como una miseria), sino ahora también del exitosísimo negocio de las membresías pagas, algo reclamado por años por los sellos discográficos.

En total, el informe recientemente publicado confirmó que, en 2020, todo el conjunto de participantes de la industria musical (en el que también entran músicos, compositores e intérpretes) recibió poco más de 4000 millones de dólares. La cifra es casi tres veces más de lo que pagó Google en 2006 para quedarse con la plataforma. De esta manera, YouTube se colocó en el puesto N°2 de los sitios más rentables en el rubro, teniendo por delante únicamente al “rey” del streaming musical, aunque no muy lejos: Spotify, con un desembolso de más de 5000 millones de dólares anuales, sigue siendo la plataforma líder y más “amigable”, pese a contar con un cada vez más ambicioso competidor pisándole los talones.

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