Por Mateo Portalupi

Jürgen Klopp llegó al Liverpool en octubre de 2015, cuando el club estaba pasando uno de los peores momentos en su historia en cuanto a galardones y resultados. Si bien habían levantado la Champions League en 2005, los “Reds” no conseguían ganar una liga desde el año 1990.

A comienzos de la temporada 2015/16, un grupo de analistas, encabezados por el físico-teórico Ian Graham, realizaron un estudio sobre el desempeño de Klopp en el Borussia Dortmund.

La conclusión fue que Jurgen era un entrenador de élite, que había pasado por una racha negativa, pero tenía potencial de sobra para dirigir al Liverpool.

Cuando el alemán llevaba un par de semanas en el cargo de entrenador, estos mismos protagonistas lo convencieron de establecer un departamento de datos, a base de varias pruebas que mostraban cuán eficaz era esto.

Le describieron a la perfección el desarrollo de varios partidos en su etapa anterior en el Borussia Dortmund, sin haber visto ni un solo minuto de esos encuentros, basándose únicamente en el análisis estadístico. Klopp quedó sorprendido, y decidió sumergirse en esta nueva experiencia.

Este departamento detectó jugadores como Mohamed Salah, que si bien ya había jugado en la Premier League, no había tenido un buen rendimiento en Chelsea.

 Nadie imaginaba que el egipcio se iba a convertir en uno de los mejores jugadores del mundo, pero los datos sostenían que justamente para el estilo de Klopp, Salah era una compra ideal y se iba a adaptar a la perfección en su esquema.

Mismo fue el caso con Virgil Van Dijk, que en su momento el mundo del fútbol se llevó las manos a la cabeza cuando los Reds desembolsaron 75 millones de libras por un marcador central que no había estado en un club de nivel mundial.

 Sin embargo, la directiva del Liverpool hizo caso a los estudios, y compró al holandés, que hoy en día es uno de los mejores defensores del mundo.

Así fue como el cuadro de Anfield pasó de tener un plantel bastante mediocre a tener un equipo prácticamente de primer nivel mundial, sin necesidad de gastar enormes cantidades de dinero. Entre la temporada 2015/16 y la actual (21/22), el Liverpool registró un gasto neto de apenas 204 millones de euros en fichajes

. Esta suma es muy inferior a la de otros grandes equipos, como el Manchester City, que gastó 828 millones, o Manchester United, que desembolsó 725 millones en el mismo lapso de tiempo.

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