Los hechos y/o personajes de la siguiente historia NO SON ficticios, cualquier similitud con la realidad NO ES PURA COINCIDENCIA.”

En un barrio platense, un vecino traspasa el portón automático y sale con la bolsa de residuos a dejarla sobre el canasto metálico de la vereda. En el mismo tiempo, llega y baja del auto su la persona que vive en la casa de al lado.

  • Hola Ernesto, como le va.
  • Acá andamos, sacando la basura y renegando con esta basura de las formalidades. Me quieren hacer vacunar a toda costa !!.
  •  A si,? por que?
  • Necesito Viajar y me piden el Certificado de Vacunación, pero ni loco me voy a vacunar. Es una locura!, te quieren controlar, no saben que te meten en el cuerpo. Ni loco me la doy ¡!! Pero necesito viajar.
  • Y que vas a hacer?
  • No se , pagaría hasta 100 dólares para que alguien se vaya a vacunar en mi lugar, con el solo propósito de que me den el certificado.

Claudio, quien venia de laburar todo el día, exponiendo el cuerpo a los contagios y mirando la aplicación cada media hora para ver cuando le llaga el turno de la tercera dosis, giró la cabeza, miró la puerta de su casa, mientras levantaba con la mano el vidrio de la puerta de su Renault 12 modelos 89. Le repreguntó.

  • En serio, pagarías.
  • Si ¡! Obvio, Aseguró Ernesto.

A los cuatro días, una enfermera sentada en un pupitre, miraba a Claudio y le preguntaba:

  • Señor Ernesto, es la primer dosis recién?
  • Si, no me quería vacunar, pero me dio mucho miedo con todo esto de los rebrotes.
  • Bueno, siéntese ahí que ahora lo llaman por el apellido.

Volviendo a su casa, antes de entrar, el reciente vacunado, toca timbre en la casa de al lado, y sin muchas explicaciones ni comentarios,  intercambia un cartón con colores fuxia y verde azulado, por un billete verde con la cara de Benjamin Franklin.

  •  Buenisimo ¡! Muchas gracias ¡
  • No, gracias a vos!

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