Por Joaquín Arias

Aunque no lo parezca, está comprobado que despertarse a la mañana con un día de lluvia o en pleno invierno puede ser un poco desfavorable para nuestro estado de ánimo.

El clima es uno de los tantos factores que determinan nuestro estado de ánimo en el día a día, más allá de la preferencia y el gusto de cada uno.

A pesar de que a todos nos afecta diferente, y hasta existe el trastorno afectivo estacional (TAE) donde las personas que lo poseen sufren cambios de humor pronunciados dependiendo la estación,

Lo cierto es que en mayor o menor medida un día soleado nos puede cambiar el ánimo, como también un día frio empeorar.

Todo se vincula primeramente con la luminosidad, la exposición solar aporta vitamina D, que afecta al sistema hormonal y que junto al sistema endocrino libera la serotonina (la llamada “hormona de la felicidad”) o la melatonina.

Por ende, un día soleado y de calor agradable nos hace sentir mejor, positivos, más felices, sonrientes, empáticos, en cambio, un día nublado y de frio, en donde los niveles de serotonina son menores debido a la poca luz, es probable sentirnos más tristes y apáticos.

Sin embargo, los extremos nunca son buenos, cuando las temperaturas son muy altas se vuelve contraproducente, no vamos a sentir felicidad sino que agobio, estrés, irritabilidad, fatiga, cuesta conciliar el sueño por lo que nos sentimos cansados, de mal humor. Parece ser entonces, que lo ideal son los días más bien templados.

Los días soleados y primaverales se relacionan también con el bienestar, la sociabilidad,  las actividades al aire libre, todo lo contrario a los días lluviosos, que se tiende más a la soledad, a la melancolía o hasta incluso a la tristeza en algunos casos.

El clima afecta en cierto nivel nuestro humor pero no gravemente, aunque hay ciertas personas que son más vulnerables.

 Un estudio de 2008 publicado en la revista Emotion, en donde se evaluaron las personalidades y estados de ánimo de  1200 voluntarios, demostró que las variaciones climáticas no generan un gran impacto en aquellas personas con un ánimo positivo, pero sí en aquellas con actitudes negativas.

Hay quienes prefieren los días soleados, a otros les apasiona la lluvia, están los fundamentalistas del verano y los que aman el invierno.

Es decir, las precipitaciones, el calor, el viento afectan más a las personas pesimistas, que al mejorar las condiciones climáticas mostraron un humor positivo, que a los de buen ánimo, como menciona el dicho “Al mal tiempo, buena cara”.

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