Siempre lo hablamos con mis amigos, creemos que formamos parte de la última generación, que disfrutó “la calle”, la plaza, y el barrio, al ciento por ciento. Con todas las cualidades y bondades que nos daba.  Sin ser invadidos por sensaciones extrañas como las por ganas de estar en una habitación frente a una pantalla, ni el miedo de los padres por estar afuera todo el día.

Los que hoy pasamos los cuarenta, pero no llegamos a los cuarenta y cinco, tenemos esos imborrables recuerdos. En ellos está los famosos DIA DE LA PRIMAVERA. Haciendo un gran “tánden” con EL DIA DEL ESTUDIANTE, cosa que nunca entendí, ni tampoco me importó, era la excusa esperada para organizar esa excursión especial. Si bien todos los días y fines de semana teníamos actividad al aire libre con amigos y compañeros de la escuela o colegio, ese era el esperado para hacer algo distinto.

 No existían los grupos de Whats para organizarlo, el dia anterior nos poníamos de acuerdo. ¿A que hora y en donde nos juntamos? ¿Quién lleva la pelota?. Todos los días jugábamos al fútbol en la plaza y los fines de semana en el club para la  LISFI, pero el “picadito” de ese dia no podía faltar.  Hasta podía armar desafíos con otros grupos de otros colegios, que se transformaban en finales del mundo. Las chicas, no llevaban balón, alguna vez, una de plástico para un “mata-sapo” y nos pedían que interrumpamos el pleito “Mundialista” para que juguemos con ellas.

Se pensaba con tiempo el destino , se votaba entre ir al Parque Pereyra, o a la República de los niños, que en tal juventud, tomarse el TALP y esa osadía para ir, era como un viaje a Brasil para nosotros. Bien temprano, para encontrar lugar. Previamente, mejor dicho el dia anterior, se iba a comprar el fiambre y el pan lactal, para que “la vieja” armara el tupper con sandwuchitos. Con suerte, y viento a favor se ponían en la mochila, junto a una gaseosa, sino se adjuntaba con un jugó Carioca algo diluido.

Hay un mito basado en estadística muy fuerte, que tiene que ver con las condiciones climáticas de ese día. Más de la mitad de los 21 de septiembre, comenzaban nublados y terminaban lloviendo.  Pero ni una cosa, ni la otra paraba el evento. Cuando la tormenta era muy fuerte, los lugares se desbordaban de corridas para buscar refugios o la misma parada del micro para volverse.

Eran días muy especiales, compartías las mismas cosas, con las mismas personas, pero en un lugar al aire libre donde íbamos solo una vez al año, donde miles hacían lo mismo.

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