Martín Palermo es por donde se lo busque un hombre con un destino marcado por la suerte. Hay en su carrera y en su vida (como en la de todos) paladas de cal y de arena, pero las de él siempre parecen ir un poco mas allá.

Es este Palermo capaz de anotarle dos goles en seis minutos a Iker Casillas y un Real Madrid plagado de estrellas, el mismo que al festejar un gol con la casaca del humilde Villareal sufre fractura de tibia y peroné por que el furor de los simpatizantes que derriban el pequeño muro de contención que separa el césped de las gradas.

Es el “Loco”, apodo ganado en base a excentricidades como la de salir travestido en la tapa de una revista deportiva, el que anota su gol numero 100 con la casaca de Boca Jrs con los ligamentos rotos. Y el mismo que seis meses mas tarde y pese a no tener el alta medica, regresa frente a su acérrimo rival (River Plate) para convertirle un gol y eliminarlo de la Libertadores.

Martín fue también quién quiso jugar ese domingo frente a Banfield pese a que en la víspera Lorena (quién por entonces era su esposa) había dado a luz sin vida a Stefano, el hijo de ambos, y que festejo el tanto convertido a el Taladro besándose el tatuaje, con el nombre del angelito, que se había hecho un par de horas antes y que estará para siempre en su antebrazo izquierdo.

Martín Palermo también es quien ostenta el negativo record de ser el primer jugador en la historia de la Copa América en marrar tres penales con la camiseta de la selección Argentina (frente a Colombia en 1999) y quien debió vivir y sufrir “exilio celeste y blanco” por diez años.

Porque recién en el año 2009, y luego de haberse convertido en el goleador histórico de Boca Juniors con 223 tantos obtuvo el perdón. Y como todo en la vida le costó, Maradona le dio la chance de representar a su país pero en el combinado local y con partidos ante equipos de segundo o tercer nivel.

Poco le importo eso a él, su costumbre de hacer goles no lo abandonó y un poco por peso propio y otro poco por sentirse con la soga al cuello, «el Diego» seleccionador nacional lo convocó para la última doble fecha de eliminatorias mundialista.

Y así llegó el día de su redención. Fue el sábado 10 de octubre de 2009 y bajo una lluvia torrencial, ahí cuando las “papas quemaban”, y la Argentina no podía penetrar la férrea defensa peruana que la condenaba al quinto puesto y a ir a jugar un repechaje a Centro América, es que decidieron que él entrara.

Cuando ya todos, hasta el mas confiado de los hinchas argentinos perdían las esperanzas, otra vez fue él, quien en medio de un infierno de piernas y de verdaderos baldazos de agua con los que Dios castigaba la humanidad de quienes colmaban ese estadio, pudo conectar un balón que no tenia otro destino que la línea de meta y desviar su trayectoria para darle a la Argentina (en el minuto 95) la clasificación al mundial. Los diarios locales se hicieron eco de las palabras de su DT y titularon “San Palermo”…. El milagro fue otra vez concebido por este Titan.

Y ya en el Mundial de Sudáfrica 2010 al que muchos pensaron que iría de espectador, le alcanzaron escasos 6 minutos ante Grecia para convertir un gol y demostrar que a este guión de una verdadera película aun le quedaban varias líneas más para llegar al FIN.

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