✍🏼Por Carolina Fabrizio @llevo.libros

En una de las entrevistas, luego del encuentro entre Argentina y México, Emiliano “Dibu” Martinez contó que había hablado con su psicólogo. El arquero de la selección expresó que había sufrido mucho durante los días previos al partido, debido a la derrota ante Arabia Saudita. “Tenía a 45 millones de argentinos atrás mío” afirmó.


A las declaraciones del Dibu se sumaron los comentarios de Lionel Scaloni, quien pidió atenerse al sentido común y recordó que (después de todo) se trata de un deporte. “Es solo un partido de fútbol. Parece que nos jugamos más que eso. Eso mismo sienten los jugadores en la cancha. Es difícil hacerle entender a la gente que mañana sale el sol se gane o se pierda” comentó el DT de la Selección.


Resulta reconfortante ver que incluso en un ámbito competitivo y de alto rendimiento como el fútbol comienza a tener peso la salud mental. ¿Cuál es el precio de endiosar a los jugadores, de exigirles triunfos absolutos, de ponerlos en un altar como si fueran figuras divinas? Los deportistas lo dan todo en la cancha. Sus nombres y rostros aparecen en cada portada, plataforma, red social. Sobre ellos pesan las expectativas de millones de personas.

El costo suele ser un constante estado de ansiedad y estrés.


En un mundo alienado, consumista, cada vez más atado a la satisfacción inmediata, es muy importante que figuras públicas expresen la necesidad de preservar la salud mental. Por eso, celebramos que de a poco el fútbol se sume a estos planteos. Por un mundo con menos dioses y más seres humanos.

RevistaSudestada

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